Se le llama cáncer ginecológico a cualquier cáncer que afecta a los órganos reproductores femeninos. Estos se identifican dada la parte del cuerpo en que aparecen primero. Pueden originarse en diferentes órganos reproductores de la zona pélvica. En este artículo los definiremos uno por uno y determinaremos sus síntomas.

Cáncer de cuello uterino

El cáncer de cuello uterino es el que se origina en el cuello del útero. Esta parte es la más estrecha y la más baja de la matriz. El cuadro sintomático de este tipo de cáncer se caracteriza por sangrar levemente entre o después de la menstruación, por sangrar después del coito o examen pélvico, por producir mayor secreción vaginal, por sangrar más prolongado y abundantemente de lo habitual durante la menstruación, por notar dolor durante el coito y/o por sufrir dolor de espalda o pélvico persistente y sin motivo aparente.

Cáncer de ovario

El cáncer de ovario es aquel que se origina en los ovarios, que están a ambos lados del útero. Los síntomas más comunes suelen ser: sangrado anormal, presión en el área de la pelvis, dolor abdominal o lumbar, hinchazón, sensación de estar llena, dificultad para comer o mayor necesidad de orinar y/o estreñimiento.

Cáncer de útero

El cáncer de útero se desarrolla en el útero, órgano en forma de pera donde se desarrolla el feto. Los síntomas de esta enfermedad son menos en comparación con el resto de cánceres ginecológicos: presión o dolor en la pelvis y sangrado anormal.

Cáncer de vagina

El cáncer de vagina es aquel que afecta a la vagina, que es el canal hueco que se encuentra entre la parte inferior del útero y la parte externa del cuerpo. La sintomatología consta de las siguientes observaciones: flujo o sangrado vaginal anormal, cambios a la hora de ir al baño (sangrado fecal u orina, estreñimiento o ganas intensas de hacer pis) y dolor en la pelvis (sobre todo al mantener relaciones sexuales o al orinar).

Cáncer de vulva

El cáncer de vulva se origina en la vulva, que es la parte externa de los órganos reproductores femeninos. Sus síntomas son: ardor o sangrado en la vulva durante un periodo de tiempo alargado, cambio de color de la piel vulvar (más roja o más pálida) y en su apariencia (verrugas o irritación tipo sarpullido), llagas o úlceras que no se curan o dolor o presión en la zona pélvica.

Sea como fuere, si notas alguno de todos estos síntomas durante un mínimo de dos semanas, deberías visitar a tu ginecólogo con rapidez. Detectar el problema en sus etapas iniciales hace mucho más fácil su solución.

 

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